19, diciembre de 18
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I. Ávila y los vettones hace 2500 años
II. Castros vettones más importantes de la provincia de Ávila
III. Toros y verracos emblemáticos
− Ávila capital
− Las Cogotas (Cardeñosa)
− Martiherrero
− La Mesa de Miranda (Chamartín)
− Tornadizos de Ávila
− Toros de Guisando (El Tiemblo)
− Ulaca (Solosancho)
− Villanueva del Campillo
IV. Catálogo de esculturas de la provincia de Ávila
V. Lecturas recomendadas
VI. Exposición Vettonia. Cultura y Naturaleza
VII. Exposición Temporal. El descubrimiento de los Vettones
VIII. Rutas Arqueológicas de los Vettones
IX. Fondos de Escritorio, Vettonia - Cultura y Naturaleza
III. Toros y verracos emblemáticos
Martiherrero
Descripción | Fotografías de los Verracos
En una excavación arqueológica realizada en el huerto del Colegio de Educación Especial Santa Teresa de Martiherrero, en las inmediaciones de Ávila, a mediados de la década de los 70, R. Martín Valls y E. Pérez Herrero localizaron cuatro toros de granito junto a varios bloques prismáticos que ofrecían una pequeña cavidad rectangular y un canalillo para depositar las cenizas y el ajuar del difunto. Una de las cistas aún conservaba restos de huesos calcinados y, caídos a su alrededor, restos de ajuar y una moneda de bronce, un sestercio de Clodio Albino, acuñada en los años 193-195 d.C.
La asociación de toros y bloques era evidente, y hoy pueden apreciarse en el almacén visitable de la iglesia de Santo Tomé el Viejo, anexo al Museo de Ávila, adonde fueron trasladadas. Se trataría por tanto de un monumento funerario del siglo II d.C., versión de las cupae entre los vettones romanizados, que estaría constituído por dos elementos. En una reconstrucción teórica, la estatua se colocaría encima del bloque aludido de manera que permitiese las libaciones a través del canalillo mencionado. Esta asociación ya había sido constatada en la finca Gemiguel (Riofrío), a unos 12 km de Ávila y a la derecha de la carretera en dirección a Burgohondo, donde se hallaron alrededor de una docena de esculturas empotradas en un viejo edificio -donde todavía se conservan- junto a varios bloques prismáticos de granito. Ello permitió individualizar un tipo de escultura zoomorfa que formaría también parte de un monumento singular de carácter funerario, hipótesis que los hallazgos de Martiherrero confirmaron plenamente
Algunos verracos presentan inscripciones latinas de carácter funerario. Se trata de epitafios con indicación de los nombres del difunto y filiación, datados entre los siglos I y III d.C. En el costado derecho de uno de los toros de Martiherro se advierte por ejemplo una inscripción que se lee como sigue: [D(is)] M(anibus) s(acrum) / Titillo [...] / Titullus / [...] M(emoriae) C(ausa). La traducción sería: "Consagrado a los Manes. Titullo procuró hacer este monumento a Titillo". No se descarta que las inscripciones hayan sido añadidas con posterioridad a la realización de la estatua.
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